La aspirina inhibe enzimas llamadas ciclooxigenasas, reduciendo sustancias inflamatorias que pueden favorecer el crecimiento, la supervivencia y la propagación de células tumorales.
También disminuye la activación de las plaquetas, pequeños fragmentos celulares que pueden ayudar a las células cancerosas a circular y formar metástasis.
Al reducir la producción de tromboxano, la aspirina podría facilitar que los linfocitos T reconozcan y eliminen células tumorales que intentan propagarse.
Sin embargo, su uso prolongado puede provocar úlceras y hemorragias. En ALASCCA, los eventos adversos graves fueron más frecuentes con aspirina que con placebo.
Por eso, estos resultados respaldan un tratamiento dirigido a pacientes cuidadosamente seleccionados, no el consumo preventivo de aspirina sin supervisión médica.