- Retira el dispensador. Solo si tu lavadora lo permite, extrae por completo el cajetín para facilitar la limpieza. Por lo general, ellas cuentan con un botón para liberarlo. Pero lo más conveniente es que consultes el manual para salir de dudas.
- Lávalo con agua tibia. Sumerge el dispensador en un recipiente con agua tibia y, con la ayuda de un cepillo de dientes viejo, limpia toda la superficie. Pon especial atención a las esquinas y pequeños compartimientos, en donde tiende a acumularse el detergente.
- Limpia la cavidad de la lavadora. Es probable que en la parte en donde se inserta el cajetín también haya restos de detergente. Por ello, debes limpiar esta zona con la ayuda de un trapo humedecido —sin llegar a gotear—.
- Seca muy bien. Una vez limpio el cajetín, sécalo con un trapo de microfibras antes de volver a insertarloDe igual manera, es conveniente que tras cada lavado dejes abierto el dispensador de detergente por un rato. Así la humedad se evapora y la posibilidad de que algún resto se vuelva viscoso disminuye. Como puedes ver, para evitar que el problema regrese basta con controlar la cantidad de detergente, hacer una limpieza periódica y ventilar más entre lavados.
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