Seis meses después de que mi esposo murió, lo vi en un mercado — luego lo seguí discretamente a su casa
Enterré a mi marido hace seis meses. Ayer lo vi en el supermercado. No fue una sombra, no fue un parecido remoto. Fue él. La misma cicatriz en la ceja izquierda, la nariz apenas torcida, la marca pequeña en el cuello que yo podía reconocer incluso con los ojos cerrados. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente: solté lo que tenía en las manos y corrió por el pasillo como si el dolor no me hubiera envejecido.
—Javier… —grité, con la voz rota—. ¿Estás vivo?
Él se giró… y me miró como si yo fuera una extraña.
—Lo siento, señora. Creo que me confundo con otra persona
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